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En un principio, yo solía pensar que este disco me gustaba más por aburrimiento que por un aprecio sincero al mismo. Sin explicármelo, muchas de sus once canciones terminaban sonando en mi habitación o incluso durante algún viaje nocturno, de regreso a casa. No es que eso me preocupe, pero no estaba plenamente conciente del por qué estos sonidos me eran tan familiares. Hasta que se me dio por revisar antiguas pertenencias almacenadas en cajas. Entre revistas y cuadernos de colegio todavía descansan los mapas y dibujos que solía hacer debido a mi entusiasmo por los juegos de rol para Super Nintendo, allá por el 96.

The Divine Comedy había sido lanzado dos años antes recibiendo excelentes comentarios por parte de asombrados críticos que apenas podían creer que una hermosísima actriz y modelo, de padres ucranianos, hubiera empezado a grabar sus demos a los doce mientras escuchaba con devoción a Kate Bush, Simon & Garfunkel, Joni Mitchell y Cocteau Twins. Precisamente uno de esos demos le valió un contrato con SBK Records quienes, apesar del talento descubierto, veían en ella a una artista moldeable. Milla aceptó el juego, cambiando luego las reglas: "Me gusta realmente la idea de hacer música pero no quise ser empaquetada. Yo quiero la oportunidad de expresar mis propios pensamientos y sentimientos". Fue así como de un plan de grabación que incluía covers de éxitos de los cincuenta y sesenta en version bubblegum dance (¡!) pasaron a pequeñas piezas de folk tradicional, casi todas compuestas por la joven muchacha que apenas llegaba a la mayoría de edad.

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Hay algo en la voz de Milla que "desmaya" cada cierto tiempo, que la hace sonar como una pastora conciente de lo que la rodea. Una pueblerina tan sensible al amor perdido de un muchacho como a la tranformación de su propio entorno. Y sin perder inocencia, de ahí la sencillez encontrada en ciertas líricas. La música que las acompaña se vale de guitarra acústica, flautas, una mandolina, arreglos de cuerdas y teclados (entre otros instrumentos) para recrear antiguas caminatas matutinas al borde del lago, celebraciones en una plaza decorada, noches al lado de la ventana observando la luna llena luego de una tarde lluviosa.

Quien se acerca por primera vez a este álbum a través del único single lanzado, Gentleman who fell, podría hacerse de una idea equivocada. Sin llegar a ser una mala canción, carece de la magia encontrada en otras como The Alien Song (el envolvente primer corte); Ruby Lane (aquí Milla toma el lugar de una niña pobre en busca de su hermano perdido); Clock (basada en la invasión nazi a Ucrania en junio del 41) o It's your life, sin duda, el punto más alto del disco.

Luego de seis meses de gira promocional (acompañada de una banda que Chris Brenner, su mejor amigo, contrató luego de escucharlos tocar en una esquina en París) Milla continuó con su carrera de actriz y modelo, dejando incompletos los demos de su segundo trabajo, acercándose esta vez al sonido de Portishead. Aún así, se dio maña para participar en algunos de los soundtracks de las películas que protagonizaba (versionando Satellite of Love de Lou Reed en The Million Dollar Hotel o con alguna nueva composición en Underworld) y dar vida a uno que otro proyecto: a la banda Plastic Has Memory le siguió su actuación en el Fashion Rocks del 2003.

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El bagaje musical que uno trae consigo al momento de toparse con ciertos discos hace que uno pueda acercase de manera diferente a ellos. En este caso, la afinidad que tengo hacía los juegos de interpretación es la razón por la cual estos sonidos me resultan familiares. Pero a los que no ¿The Divine Comedy les resultará un álbum difícil? No, siempre y cuando estén más dispuestos a escuchar antes que oir. El timbre especial de Milla y su manera de cantar, sumado a la atmósfera medieval que exhalan la mayoría de canciones hace de este debut algo atemporal, algo extrañamente mágico.

Escuchar:

The alien song (for those who listen) - letra

gracias a castpost

It's your life - letra

gracias a castpost