
No recuerdo exactamente por qué estábamos camino a su casa, pero cuando llegamos Joseph me trajo el vaso de agua que le había pedido y con un gesto me daba libertad para husmear en su biblioteca: una vieja cómoda en un lado de su sala pequeña. Ahí, entre algunos títulos de Bryce y de Bayly, una que otra colección incompleta de esas que sacan los diarios y los típicos libros que piden en el colegio, estaba Rayuela. Y ni cuenta me di. Fue él quien me la alcanzó junto a Pedro Páramo. Si bien no reñidos, nuestros gustos siempre han sido diferentes, por eso me hablaba más del de Rulfo que del de Cortázar (sólo le había subrayado unas cuántas palabras y frases, costumbre que detesto) Me regresé ojeando los datos que siempre colocan en la mayoría de contraportadas. Ni siquiera había foto.
A pesar de las buenas referencias dejé los tomitos tirados en una cama y seguía sumergiéndome en otras lecturas. Una noche en la que no podía dormir (vaya novedad) tomé el libro como quien no tiene nada que perder y fui a la cocina y me senté a puertas cerradas con un café bastante caliente. Para cuando volví a tomar conciencia de mi alrededor ya era de mañana, el café estaba frío y de mi sorprendida cabezota no podía sacar ni el jazz, ni el Club de la Serpierte, ni las calles de París, ni a la Maga. Sobre todo a la Maga.

Y aquí ocurrió lo que le ha sucedido a tanta gente desde que apareció Rayuela. Uno descubre esas puertas que conducen a otras que a su vez nos llevan a muchas más, sean caminos nuevos o para chocarse contra la pared. Adopta la vida como arte y viceversa, pero dejando de lado el tono peligrosamente solemne (y aburrido) en el que muchas personas todavía siguen cayendo (la cantidad de "Magas" dentro y fuera de internet es asquerosamente increíble) Asumir el humor de manera seria, creer en el sentido lúdico expresado a través del juego y del azar objetivo. Como consecuencia inmediata de todo esto está la completa libertad al momento de crear; y yo, como tantas otras personas, poco a poco fuimos entendiéndolo. El deseo de Morelli de trasmutar a sus lectores a través de sus escritos se cumple (por cierto, Morelli, en la novela, es el alter ego de Cortázar y el autor a quien los del Club de la Serpiente leen constantemente)

Lo primero que llamó mi atención: se divide en tres partes y se lee de dos maneras distintas. Del Lado De Allá son los episodios ocurridos en París, lugar que para la época aún representaba ese destino ineludible para todo artista latinoamericano, en donde Horacio Oliveira conoce a la Maga y a los del Club de la Serpiente, desarraigándose de todo y todos, obsesionado con su busqueda estética. En la segunda parte, Del Lado De Acá, a Horacio lo regresan a la Argentina y, sin abandonar esa exploración, se ve obligado a adaptarse. Le consiguen un trabajo más o menos estable y vuelve a tomar contacto con su antigua pareja y amigos, perturbándolos. La segunda manera es la que propone el autor al inicio de la novela en El tablero de dirección, una especie de guía, en la que nos indica el orden en el que deben ser leídos los capítulos, incluyendo la tercera parte de ellos, supuestamente prescindible, denominada De Otros Lados. Ésta se compone de notas periodísticas, letras de canciones, ensayos, textos de otros autores, además de fragmentos de los dos lados anteriores.
Cortázar, como amante del jazz, hace que éste posea una importante presencia. Más allá de presentarlo como tema de conversación en los diálogos o como fondo de las acciones, ciertos comportamientos de los personajes son permitidos gracias a la música que escuchan en ese instante. También llega a valerse, por ejemplo, de las líricas de un viejo blues para narrar la novela. Y la improvisación, tan inherente al género, es adoptada en una especie de escitura automática que a veces divierte y a veces aturde, pero que siempre sorprende.

Julio Cortázar ya era un cuentista extraordinario en 1963. Fue recién tras la redacción de El Perseguidor que algo cambió en él: "...en El perseguidor, hay una especie de final de una etapa anterior y comienzo de una nueva visión del mundo: el descubrimiento de mi prójimo, el descubrimiento de mis semejantes. Hasta ese momento era muy vago y nebuloso. Fíjate, me di cuenta muchos años después que si yo no hubiera escrito El perseguidor, habría sido incapaz de escribir Rayuela. El perseguidor es la pequeña Rayuela." A partir de aquí nos enseña a zafarnos de las normas establecidas. Tal vez sin querer, condensó sensibilidad propia de una década convulsa. Tantos libros hermosos e importantes lo han hecho también, pero sólo Rayuela no ha envejecido, sólo ella ha sido capáz de marcar tanto a quienes la leímos. Quién podría olvidar también esos episodios memorables como el capítulo 28 o aquel otro de Traveler, Horacio y Talita en la tabla. Y el final cíclico. Y la invención de un nuevo idioma. Podría considerarse a esta novela como la cumbre de su carrera y una especie de triunfo de aquel espíritu joven que Cortázar siempre mantenía (tanto interior, como exteriormente) Tan coloquial, académico, divertido y profundo. Por eso lo queremos tanto.

Acabo de releer todo lo anterior y no sé si estaré en lo correcto. Es mi apreciación, pero con un libro así uno nunca sabe. Es el riesgo de abordar una novela que soporta lecturas de muchos niveles. Esto es lo que hace de este texto algo rico. Por eso, al final, se ha convertido en una especie de amigo al que recurro de vez en cuando. Hubo un tiempo en que lo llevaba siempre conmigo, sea metido en la mochila o en la mano, listo para charlar en el lugar donde cayéramos. En el salón, lo dejaba al lado de mis apuntes, esperando la curiosidad de mis compañeros y poderlo compartir con ellos. Situación gratificante, superada sólo por el hecho de ver a mi novia de aquel entonces leyéndolo mientras yo llegaba a alguna de nuestras citas, casi siempre en el Parque de Lima, casi siempre tarde. Aunque tuve hasta tres ediciones dierentes (la de Joseph, la mía, y una que devolví) también la bajé de Rayuela o-Matic y quise coleccionar las portadas que había tenido en todo el mundo. Habiéndolo terminado más de cinco veces, ahora tengo la libertad para abrirlo en cualquier parte y recorrer París o Buenos Aires con ellos. Porque más allá de contar el devenir de Horacio, lo que esta novela presenta es a un grupo de parias cosmopolitas tratando de llegar al cielo de la rayuela, de encontrar ese centro esquivo. Vaya a saber uno si es verdadero o simplemente producto de su afectación intelectual, cosa de la que La Maga carece y que produce en ellos la arrogancia y el asombro con la que es observada. Por eso es que muchos, todavía, la seguimos buscando.

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Capítulo 7 - (leído por Julio Cortázar)
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